Ciudades italianas

Seguramente es recorriéndola sobre una Vespa que Roma es la más bonita de todas las ciudades italianas. A menos que se pasee por sus ruinas antiguas, dejando que la imaginación se ponga a trabajar. Roma, es la ciudad de las ciudades, la ciudad eterna. Siempre será irresistible.

Florencia, la artista

La ciudad es el teatro de un extraño síndrome que afecta a algunos de sus visitantes: como Stendhal que sufrió una criris frente a tanta belleza. Hay que decir que entre el Museo de los Oficios, los Palacios (Vecchio, Pitti) y las fabulosas iglesias, Florencia es seguramente de las ciudades italianas importantes la más artística del mundo.

Lecce, la barroca

Hablamos de una capital regional poco conocida entre las muchas ciudades italianas para visitar, y que presenta una serie de maravillas impresionantes. Algunos la llaman “la Florencia del sur”, y con esto se ha dicho todo. Su estilo barroco, noble y sutil se expresa perfectamente en la fachada de la iglesia de Santa Croce de Lecce, una pequeña joya.

Autor: Unsplash - Pixabay
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Palermo, la africana

La capital de Sicilia está a sólo 300 km de las costas tunecinas. Su historia es de una riqueza infinita: árabe, normanda, española y luego italiana. Su aspecto está marcado por sus múltiples influencias. Los mercados de sus viejos barrios (Ballaro, Vucciria) parecen proceder del África del norte, al igual que su ambiente, y todo aquello que se puede encontrar.

Nápoles, la mediterránea

Se trata de la quintaesencia del Mediterráneo, una historia rica y mezclada, un saber vivir sin igual: mercado coloristas, calles tortuosas, palacios soberbios, ruinas antiguas. Nápoles posee el mayor centro histórico de Europa. Desde arriba de los barrios españoles o desde el viejo centro del Vesubio, se vislumbra un horizonte amenazador.

Bolonia, la golosa

En Italia, se le llama la “grassa”. Hay que decir que se come divinamente, tanto por sus pastas frescas rellenas, sus jamones y quesos muy curados. En Bolonia, la fiesta está por todas partes. Bolonia sabe seducir a los epicúreos como a los estetas: su centro medieval, frecuentado desde hace mil años por los estudiantes, es una maravilla, y siempre lleno de animación.

Venecia, la serenísima

¿Cómo no incluir a Venecia en esta clasificación? En materia de encanto, no tiene competencia alguna en todo el mundo. Si se pueden evitar los barrios más turísticos, el encanto es todavía mayor. Lo daríamos todo por un paseo invernal sobre el embarcadero de Dorsoduro.

Génova, la aventurera

Cristóbal Colón nació en Génova. El decorado es impresionante. La gran rival de Venecia se volvió enseguida hacia el mar, y más allá. Y cuando las riquezas volvían en las bodegas de los barcos de la República, se construían palacios magníficos e iglesias de mármol. Es un lujo perderse por las calles de esta ciudad.

Verona, la enamorada

¿Será a caso porque Shakespeare escribió los amores de Romeo y Julieta, situándolos en Verona? ¿O será porque la ciudad se extiende sobre los borde del Adigio, desplegando sus bellezas antiguas y siendo una de las más hermosas ciudades italianas del Renacimiento? Verona es una ciudad en la que dan ganas de enamorarse.

Cagliari, la suave

Cagliari está en un cruce. En el centro del Mediterráneo, sufrió las influencias de todos sus vecinos: romano, pisanos, aragoneses… Cubierta por una magnífica cúpula barroca, esta ciudad domina la bahía, que acoge hoy en día a más barcos de pesca que de buques de mercancías. Su magnífica playa, Il Poeto, invita a vivir el farniente.

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