La Catedral de Milán

Un impresionante edificio enclavado en el centro histórico de Milán es el emblema de la ciudad y un claro ejemplo del esplendor gótico. Se trata del Duomo di Milano, mejor conocido como la Catedral de Milán.

Este majestuoso edificio de impresionantes dimensiones, más que un privilegiado lugar para el culto, es un monumento artístico, simbólico tanto para la ciudad como para sus habitantes.

La Catedral está construida en ladrillo recubierto de mármol y para que te des una idea de su tamaño: tiene 5 naves, una al centro cuya altura es de 45 metros y las restantes en las laterales, cada una de las cuales cuenta con al menos 40 pilares.

Los pilares en su interior destacan no solamente por su dimensión, sino también por su forma que remata en un dosel esculpido con una estatua. En tanto, las bóvedas están decoradas con complejos motivos de tracería.

La función primordial del edificio radica en la actividad litúrgica; sin embargo es un punto de atracción para millones de turistas que visitan la capital de la moda. Cuenta con capacidad para 40 mil personas, mide 157 metros de largo y las ventanas de su coro tienen la fama de ser las de mayores dimensiones que se conocen.

Por ello, esta iglesia es considerada como una de las más bellas, pero también u como una de las que tienen mayor dimensión en todo el mundo. Su origenes se remontan al siglo III, desde entonces el edificio ha sufrido cientos de remodelaciones, reconstrucciones e incluso incendios a través de los siglos. Durante el siglo XV fue demolida parcialmente para dar paso a la construcción del Duomo que actualmente conocemos y no fue sino hasta 1461 cuando el espacio quedó terminado.

La edificación de esta magna obra se realizó con el apoyo de donantes, familias ilustres de la región que brindaron aporte económico para la culminación de la catedral, al grado que los nombres de los donantes están vinculados a cada una de los 135 pináculos del edificio.

Sin embargo la culminación del edificio tuvo que esperar varios siglos, pues no fue sino hasta 1805 cuando Napoleón Bonaparte, coronado rey de Italia ordenó la terminación de la obra.

Fue así que tan sólo 7 años desués la fachada principal de la Catedral de Milán se terminó, los gastos se solventaron con el dinero del tesoro francés y la obra corrió a cargo de Carlo Pellicani.

Vale mencionar que el edificio está abierno libremente tanto para el culto, como para turistas que deseen admirar sus obras de arte. El horario de atención es de lunes a domingo de 8:00 de la mañana a 19:00 horas.

Los fieles pueden ingresar al templo por una puerta designada para visitantes al culto, mientras que los turistas deben solicitar un boleto para tener acceso a las terrazas, el Baptisterio de San Giovanni (zona arqueológica) y el museo.

Espero que este artículo te haya servido para considerar este bello sitio dentro de tu itinerario en tu próxima visita a Milán.

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